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Unicef llama a priorizar a los niños menos favorecidos

12 abril, 2012

Niños

Más de la mitad de los habitantes del mundo vive hoy en ciudades y pueblos, entre ellos más de 1.000 millones de niños y niñas. “El Estado Mundial de la Infancia 2012: Las niñas y los niños en un mundo urbano” analiza la situación de los niños que crecen en entornos urbanos y denuncia que la privación de derechos de esta población a la supervivencia, la salud, la nutrición, la educación y la protección es una práctica generalizada.

El documento también informa sobre la magnitud de esas desigualdades urbanas y propone medios para garantizar que los niños de las zonas urbanas disfruten de vidas seguras, sanas y satisfactorias.

En Bolivia, el 47 por ciento de la población tiene menos de 18 años y el 60 por ciento de ese total vive en el área urbana, según el censo 2001 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). A nivel mundial, y en especial en los países en desarrollo, hay una tendencia a una mayor urbanización donde los niños y niñas representan hoy, el 60 por ciento del aumento en la población urbana global, según el informe de Unicef.

El organismo internacional destaca que casi la mitad (43 por ciento) de los niños que habitan el planeta –estimados en 1.200 millones menores de 19 años– viven en zonas urbanas, por lo que se prevé que para 2050, siete de cada 10 personas será un residente urbano.

Urbanización

Anthony Lake, director ejecutivo de Unicef, dijo que se espera que la tendencia a una mayor urbanización se mantenga durante el resto de este siglo pues las personas se desplazan a las ciudades por la promesa de fuentes de trabajo y de mayores libertades, incluso cuando esa promesa a menudo no es cumplida.

Deploró que muchas veces las personas en ambientes rurales dejan atrás sus lugares de origen empujadas por la pobreza, la violencia o los desastres naturales, sólo para encontrar las mismas amenazas en las ciudades.

Destacó que en muchas regiones la infraestructura y los servicios no mantienen el ritmo del crecimiento urbano, de tal forma que «cientos de millones de niños en barrios urbanos empobrecidos y asentamientos irregulares carecen de los servicios más esenciales».

El informe admite que las ciudades ofrecen a los niños facilidades como escuelas y terrenos de juego, pero al mismo tiempo son escenario de algunas de las mayores inequidades en materia de salud, educación y oportunidades.

En Bolivia, familias enteras –incluyendo niños- migran a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Las ciudades ofrecen ventajas, como el acceso a los servicios educativos, médicos y recreativos. Sin embargo, un número cada vez mayor de niños y niñas que viven en barrios marginales se cuentan entre los más vulnerables y desfavorecidos, sin acceso a los servicios básicos como el agua potable, la electricidad y la atención a la salud.

La exclusión que sufren los menores de los asentamientos precarios les niega la oportunidad de desarrollar su potencial y priva a las sociedades de los beneficios económicos que supone una población urbana saludable y bien educada, apuntó Lake.

El informe también señala que muchas veces las privaciones que afrontan los infantes de las comunidades pobres quedan ocultas por los promedios estadísticos que no distinguen entre residentes ricos y pobres de las ciudades.

Priorizar la atención

Ante esa situación, la Unicef llamó a priorizar la atención hacia los niños y las niñas menos favorecidos, dondequiera que vivan, a otorgarles un lugar central en los procesos de planificación urbana y a ampliar y mejorar los servicios para todos.

«Cuando pensamos en un niño pobre nos imaginamos a un niño en una zona rural. No nos imaginamos a un niño que vive a la sombra de una escuela a la que nunca va a poder asistir, o en una familia que no va a gozar de los servicios que tienen las personas que viven a unas calles de su casa», comentó Lake.

«Ha llegado el momento para que todos nosotros reconozcamos la urgencia de atender las necesidades de los niños y niñas desfavorecidos en nuestras ciudades, en nuestra planificación y en nuestros recursos», acotó.

Hoy, en Bolivia, se festeja el Día del Niño. La Organización de Estados Americanos (OEA) y Unicef redactaron, el 12 de abril de 1952, la Declaración de Principios Universales del Niño, a consecuencia de la desigualdad y maltrato que sufrían los niños en el mundo. En esta oportunidad se acordó que cada país debería fijar una fecha para festejar el día del niño. El gobierno boliviano en 1955, durante la presidencia de Víctor Paz Estenssoro, instituyó el 12 de abril como «Día del Niño».

Trabajo en ciudades grandes y pequeñas

Las estimaciones del informe de Unicef también sugieren que decenas de millones de niños y niñas viven o trabajan en las calles de las ciudades grandes y pequeñas del mundo, un número que va en aumento debido al crecimiento de la población mundial, la migración y la creciente urbanización.

A nivel mundial cerca de 2.5 millones de personas realizan trabajos forzosos, de los que entre el 22 y el 50 por ciento son niños, según el informe de la Unicef.

En Bolivia, el censo de 2001 reveló que trabajaban 151.274 niños de entre 7 y 14 años. Actualmente hay 850.000 niños trabajadores, siendo la zafra, la pesca, la fabricación de ladrillos, los servicios domésticos y la minería, las peores formas de trabajo infantil en el país, según el Ministerio de Trabajo y Unicef. El documento indicó que casi ocho millones de niños murieron en 2010 antes de cumplir cinco años, la mayoría por neumonía, diarrea o complicaciones en el parto, que aumentan en zonas urbanas marginadas por la deficiencia de los servicios.

Educación

El informe de Unicef advierte que las condiciones de pobreza, desnutrición y marginación social que enfrentan millones de niños y adolescentes que habitan zonas urbanas en el planeta generan serias desventajas educativas. Por ello, los retos que enfrentan niños y adolescentes para acceder a una vida de calidad, que incluya su derecho a la salud y educación, es cada vez más complejo.

Estima que al menos 200 millones de menores de cinco años no alcanzan su potencial de desarrollo cognitivo, mientras 67 millones en edad de cursar la educación primaria no acuden a las aulas. De ellos, 53 por ciento son niñas.

El informe señala que en zonas urbanas pobres entre los principales factores que atentan contra la calidad de la educación está el «hacinamiento en las aulas y falta de instalaciones apropiadas», incluso, el acceso a sanitarios en buen estado.

Agrega que pese a que los menores urbanos tienen más posibilidades de escolarizarse que sus pares de las zonas rurales y apartadas, las desigualdades socioeconómicas que persisten en las urbes «también socavan profundamente el derecho de los niños a la educación». Así, pese a los esfuerzos para alcanzar el acceso universal a la educación primaria, en muchas naciones, incluso donde el acceso es gratuito, los costos adicionales que deben afrontar las familias (uniformes, materiales escolares), «muchas veces impide que los niños estudien».

Los grupos más vulnerables a estas condiciones son los menores que viven o trabajan en las calles, niños migrantes, hijos de refugiados o desplazados dentro de su propio país. El desplazamiento altera la educación de los niños y los más afectados son los ya marginados por la pobreza, género, origen étnico u otros factores, pues los niños de familias con bajos ingresos de barrios pobres de las ciudades se encuentran entre quienes menos probabilidades tienen de asistir a la escuela.
Fuente: Los Tiempos

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