Lunes, Abril 24, 2017
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Ser amables

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Nobleza obliga, y en la forma del pedir está el dar. Una de las razones por las que siempre hago uso de los refranes, es la innegable sabiduría popular que está condensada en tan escasas palabras. Estas dos frases de inicio, son ejemplo vivo de lo que quiero hacer notar y que pareciera hemos olvidado: la importancia y utilidad de ser amables con los otros.

Hay dos maneras de conseguir que alguien haga algo por ti: una es obligándolo y otra es convenciéndolo. Si lo obligas, lograrás tu objetivo a corto plazo, pero a largo plazo solo harás que esa persona se ponga en contra tuya. Si lo convences, en cambio, esa persona te seguirá y apoyará tanto como lo necesites, lo cual me trae a colación una de las fábulas de Esopo, con su respectiva moraleja.

El Viento del Norte y el Sol

El Viento Norte y el Sol discutían acerca de cuál de los dos era el más fuerte, sin llegar a ponerse de acuerdo, cuando pasó un viajero envuelto en una capa.

Entonces ambos se pusieron de acuerdo en que aquel que primero pudiera obligar al viajero a que se quitara la capa sería considerado el más fuerte.

El primer turno fue para el Viento Norte, quien comenzó a soplar con mucha furia. Salvo que, cuanto más soplaba, el viajero agarraba su capa con más fuerza. Por más que sopló y sopló, no pudo obligar al viajero a desprenderse de su capa.

Por lo mismo, llegó el turno para el sol. Él simplemente se acercó al viajero, le dedicó su más cálida y brillante sonrisa, e inmediatamente el viajero se quitó la capa.

En la fábula, el Viento Norte tuvo que reconocer la superioridad del Sol, pero en realidad lo que nos enseña no es que el sol es más fuerte que el viento, sino que es mucho más poderosa la persuasión, que la violencia.

Gratitud, poderoso cimiento de la felicidad

Ahora mira a tu alrededor, por favor. Piensa en el recorrido que hiciste ayer en la tarde de tu trabajo a tu casa, e imagino que estarás de acuerdo conmigo: Bajo el argumento que los tiempos han cambiado, hemos renunciado a los buenos modales como si la modernidad estuviera peleada con la empatía, o el agradecimiento, o el buen trato. Sin embargo, una palabra amable, un “por favor”, un “gracias” o la humildad para decir “te necesito”, pueden obrar milagros: el milagro de que otro ser humano esté dispuesto a servirte, gustoso.

Decir “gracias” no es solo muestra de educación, hacerlo provoca bienestar en quien agradece, porque le hace ser consciente de las cosas buenas, positivas, afortunadas que le pasan. Y además, quien recibe estas palabras amables, recibe también el beneficio de sentirse valorado y que se agradece su actuar. Así, al agradecer se genera un vínculo positivo entre una y otra parte, porque cuando recibimos una muestra de gratitud, queremos multiplicarla.

“Gracias” no es solo una palabra, es una actitud, un sentimiento, un argumento. Gracias son las que te adornan y me adornan al pedir las cosas por favor y recibirlas con un “gracias”

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