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Hace un año, por estas fechas decembrinas, tras regresar de una diligencia acompañada de mi padre, en un semáforo en alto algunos migrantes se acercaron a los automóviles con intención de pedir dinero. Las personas del auto de enfrente les hablaron y empezaron a repartirles comida en un plato de unicel, y les dieron un paquete con bufandas y cobijas nuevas. No puedo describir los gestos de quienes recibían los obsequios: eran una combinación de sorpresa, agradecimiento, alegría, nostalgia… no sé. Lo que sí puedo asegurar es que fue impactante la escena, doy gracias por haber tenido la oportunidad de presenciarla y por la enseñanza que me dejó: dar de lo que tenemos a quienes menos tienen.

Estas fechas no suelen ser siempre las mejores por muchas razones: se recuerda la pérdida de un familiar, un accidente sucedido, errores cometidos en el pasado y que no hemos perdonado, situaciones difíciles de índole económica o familiar, o por nada más ver cómo se han transformado estas fechas en una celebración consumista; una temporada en la que mucha gente es feliz por lo que va a recibir de regalo, por solo eso.

Pero cuando se tiene la oportunidad de presenciar este tipo de acciones, cambia algo en nosotros, y es tan profundo que ni el regalo más costoso se le puede comparar. Los regalos dan emoción al recibirlos pero no pasa de ahí, se acaba en un instante; pero cuando se vive algo más fuerte, se queda en el corazón y realmente nos hace felices. Basada en esto y en esa acción desprendida que presencié, propongo tres actividades que se pueden hacer en familia para que estas fechas sean realmente especiales:

1. Enseña a tus hijos a compartir

Cuando se hace la cena de Navidad, se puede preparar algún platillo extra, involucrar a la familia para salir a la calle, a lugares previamente vistos, y repartir entre todos esa comida. La actividad tiene dos objetivos: sobre todo vivir esta experiencia de ayudar a la gente y recordar que todos somos seres humanos que podemos tenderlos la mano unos con otros.

2. Paso a paso

Esta es una actividad también recomendada para que toda la familia participe. Se puede hacer con el árbol navideño o con un nacimiento por dos o tres semanas antes de la Navidad: cada miembro de la familia elige un objeto, lo coloca al pie del árbol o al final del nacimiento, y por cada acción buena (ayuda en casa, controlar enojos, comer verduras, etcétera) que haga cada uno, puede avanzar un paso o rama, con intención de llegar a la punta del árbol o al pesebre. El objetivo es que de verdad sean especiales este mes y estas fiestas, y se den cuenta de cómo pueden cambiar su vida para bien.

3. Familias unidas

Para esta actividad es necesaria la participación de papás, hijos, primos, tíos y abuelos: consiste en invitarlos a comprar prendas de vestir para la época y en un tiempo determinado juntar todo y armar paquetes; buscar sitios donde se sepa que hay gente necesitada, ponerse de acuerdo quién o quiénes pueden ir a repartirla y ¡manos a la obra! Con esto toda la familia se tendrá que ver, pero para hacer felices a otros y lo que van a recibir a cambio los podrá unir mucho más.

Haz de estas fiestas un pretexto para que tú y tu familia tengan una vida sin espejismos y falsas promesas, busquen mejorar esa parte espiritual que se ignora y que tanto nos puede ayudar a ser mejores personas. Te aseguro que lo que no se compra con dinero, es lo que más vale.

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