Jose P. es un joven empresario barcelonés de 26 años y apasionado por el fútbol salón. En medio de una jugada, el muchacho corrió por la banda derecha de la cancha de parqué, gambeteó a un rival con un autopase y al llegar al córner se deslizó por el suelo para hacer un centro con su pierna derecha. Y enseguida se terminó literalmente el juego porque el joven parecía haber sido atravesado por una banderilla de tauromaquia.
Al deslizarse por el parqué para alcanzar el balón Jose se le clavó en su muslo izquierdo una astilla de unos cuarenta centímetros que se desprendió del parqué. Todos los presentes se quedaron paralizados. La suerte quiso que quedara en mera anécdota porque la astilla qued{o ensartada en su pierna con una trayectoria de entrada y salida, afectando solo su dermis. No le dañó ni hueso, ni músculo, ni arteria, ni nervio.

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